Ética

¿Contribuyen las religiones a la construcción de una sociedad más justa?: El debate ético en un mundo intercultural.

Las cuestiones éticas surgen aquí y allá en cuanto entramos en los diferentes debates que están abiertos ante el reto de construir un proyecto compartido en una sociedad intercultural. Uno de los ámbitos en los que estas cuestiones están más vivas es el del diálogo de la sociedad y las estructuras política laicas con las diversas religiones.

zdiapobreza02.jpgComo persona interesada en la reflexión ética, y como miembro de una tadición religiosa -la cristiana- ando bastante inquieta por los términos en que se plantea habitualmente este diálogo. Los temas y los términos del debate están demasiado condicionados, de una parte por el miedo a los fundamentalismos y radicalismos de todo tipo, que son una clara amenaza para la convivencia, y por otra por una tolerancia “light” que responde más al relativismo ambiental que a una consideración seria de cómo se puede contribuir desde cada tradición religiosa a la convivencia común. En consecuencia, se pierde de vista la cuestión fundamental: si las religiones contribuyen o no a la construcción de una sociedad más justa.

En mi opinión, el despiste que tenemos cuando planteamos los términos y contenidos de los debates sobre el papel y la situación de las religiones en la sociedad del siglo XXI viene de una cuestión previa. A estas alturas de la historia de la humanidad, todavía nos cuesta identificar que el único punto de partida que nos permite articular el debate ético en sus justos términos es la realidad del hambre, la pobreza, la desigualdad injusta, etc. En un mundo en que tenemos recursos para garantizar no sólo la supervivencia de todos los hombres y mujeres, sino también estos mínimos que garantizan una vida digna para todos, el mayor escándalo moral  y, por tanto, la principal urgencia de la reflexión ética es que hay personas, hombres y mujeres, que viven en situaciones de opresión e injusticia y que mueren de hambre cada día. Y por tanto, el principal reto de la ética es cómo construimos un proyecto común de sociedad justa que garantice una vida digna para toda la humanidad.

Para hacer posible este proyecto:

- La sociedad y las estructuras políticas laicas han de ser conscientes de que es imprescindible la colaboración de las diferentes tradiciones religiosas. Pero al mismo tiempo han de manener el pulso que obliga al debate público que juzga la coherencia de las diferentes aportaciones con el proyecto ético común y que, por tanto, tiene legitimidad para cuestionar toda propuesta teórica o práctica que vaya en contra de la construcción de una sociedad más justa, por mucho que detrás tenga el respaldo de una tradición religiosa.

- Las religiones han de mantener la tensión de repensarse críticamente desde la confrontación con la realidad de inhumanidad e injusticia. Desde el reconocimiento agradecido de que las exigencias del debate ético en esta sociedad secularizada nos ayudan a recordar y retomar algo que es el núcleo de sentido de nuestra experiencia religiosa. Algo que tan frecuentemente queda enturbiado por tradiciones y ritos que no responden a la verdadera esencia de la experiencia religiosa y que, si no son humanizadores, deberían hacer saltar siempre la sospecha.

Escojo un texto de mi propia tradición religiosa, el Cristianismo, que creo pone claramente de manifiesto que este debate existe desde los orígenes, y que el criterio de la “verdadera experiencia religiosa” siempre ha sido la “praxis humanizadora” y “curiosamente” sin ninguna necesidad de que vaya acompañada de un discurso explícitamente religioso. De hecho, es una parábola de Jesús para explicar el verdadero sentido de lo que él anuncia, ante las acusaciones de hereje que le hacían los jefes religiosos de su tiempo. Es el conocido texto del Evangelio de Mateo sobre el juicio final (Mt. 25, 31-46):

juicio1.jpg“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles… Serán congregadas todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa a las ovejas de los cabritos. Pondrá a las ovejas a su derecha, y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos forastero y te acogimos; o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? Y el Rey le dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.

Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era forastero y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces dirán también éstos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. Y él entonces les reprenderá: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo”. E irán estos a un castigo eterno y los justos a una vida eterna.”

Estoy convencida que textos o argumentos de este tipo existen en todas las tradiciones religiosas. Ojalá el debate ético del siglo XXI nos ayude a todos los creyentes de las diferentes tradiciones religiosas a rescartar este núcleo fundamental de nuestra experiencia. Y si somos un poco honestos, es evidente que esta experiencia la compartimos con todas las personas que viven la urgencia ética de construir un mundo más justo. O sea que aquí no hay distinción que valga entre ateos, agnósticos y creyentes de las diferentes religiones.

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Elvira Durán
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